jueves, 7 de agosto de 2014

San Cayetano de Thiene. Presbítero, fundador de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos

Santo de la ProvidenciaPatrono del pan y del trabajo

Este santo, muy popular entre los comerciantes y ganaderos porque los protege de muchos males, nació en 1480 en Vicenza, cerca de Venecia, Italia. Su padre, militar, murió defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen.

Estudió en la Universidad de Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades. Se fue después a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de la Santa Sede.

A los 33 años fue ordenado sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a prepararse lo mejor posible a la santa celebración. En Roma se inscribió en una asociación llamada "Del Amor Divino", cuyos socios se esmeraban por llevar una vida lo más fervorosa posible y por dedicarse a ayudar a los pobres y a los enfermos.

Viendo que el estado de relajación de los católicos era sumamente grande y escandaloso, se propuso fundar una comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar una vida lo más santa posible y a enfervorizar a los fieles. Y fundó los Padres Teatinos (nombre que les viene a Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad, Msr. Caraffa, que después llegó a ser el Papa Pablo IV)

San Cayetano le escribía a un amigo: "Me siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a convertirse". Y este era el más grande anhelo de su vida: que las gentes empezaran a llevar una vida más de acuerdo con el santo Evangelio. Y donde quiera que estuvo trabajó por conseguirlo.

En ese tiempo estalló la revolución de Lutero que fundó a los evangélicos y se declaró en guerra contra la Iglesia de Roma. Muchos querían seguir su ejemplo, atacando y criticando a los jefes de la santa Iglesia Católica, pero San Cayetano les decía: "Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo".

San Cayetano era de familia muy rica y se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. En una carta escribió la razón que tuvo para ello: "Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico?" Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? Oh, que ganas siento de llorar al ver que las gentes no sienten deseos de imitar al Redentor Crucificado".

En Nápoles un señor rico quiere regalarle unas fincas para que viva de la renta, junto con sus compañeros, diciéndole que allí la gente no es tan generosa como en otras ciudades. El santo rechaza la oferta y le dice: "Dios es el mismo aquí y en todas partes, y El nunca nos ha desamparado, si siquiera por un minuto".

Fundó asociaciones llamadas "Montes de piedad" (Montepíos) que se dedicaban a prestar dinero a gentes muy pobres con bajísimos intereses. Sentía un inmenso amor por Nuestro Señor, y lo adoraba especialmente en la Sagrada Hostia en la Eucaristía y recordando la santa infancia de Jesús. Su imagen preferida era la del Divino Niño Jesús.

La gente lo llamaba: "El padrecito que es muy sabio, pero a la vez muy santo". Los ratos libres los dedicaba, donde quiera que estuviera, a atender a los enfermos en los hospitales, especialmente a los más abandonados y repugnantes.

Un día en su casa de religioso no había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza: "Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer". Al poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

En su última enfermedad el médico aconsejó que lo acostaran sobre un colchón de lana y el santo exclamó: "Mi Salvador murió sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas". Y así murió el 7 de agosto del año 1547, en Nápoles, a la edad de 67 años, desgastado de tanto trabajar por conseguir la santificación de las almas. En seguida empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y el Papa Clemente X lo declaró santo en 1671.

San Cayetano bendito: lo que tú más deseabas: la conversión de los que somos tan pecadores, es un favor inmenso que no hemos logrado conseguir, pero que tú con tu intercesión nos puedes obtener. Pídele a Dios que nos logremos convertir.

Dichoso el que Confía en Dios (Salmo 83).

miércoles, 6 de agosto de 2014

La Transfiguración del Señor

Narra el santo Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10) que unas semanas antes de su Pasión y Muerte, subió Jesús a un monte a orar, llevando consigo a sus tres discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan. Y mientras oraba, su cuerpo se transfiguró. Sus vestidos se volvieron más blancos que la nieve,y su rostro más resplandeciente que el sol. Y se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con Él acerca de lo que le iba a suceder próximamente en Jerusalén.

Pedro, muy emocionado exclamó: -Señor, si te parece, hacemos aquí tres campamentos, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías.

Pero en seguida los envolvió una nube y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo".

El Señor llevó consigo a los tres apóstoles que más le demostraban su amor y su fidelidad. Pedro que era el que más trabajaba por Jesús; Juan, el que tenía el alma más pura y más sin pecado; Santiago, el más atrevido y arriesgado en declararse amigo del Señor, y que sería el primer apóstol en derramar su sangre por nuestra religión. Jesús no invitó a todos los apóstoles, por no llevar a Judas, que no se merecía esta visión. Los que viven en pecado no reciben muchos favores que Dios concede a los que le permanecen fieles.

Eso sigue sucediendo a las personas que rezan con fervor. La oración les transfigura y embellece el alma y les vuelve mucho más agradables a Dios.

Dos personas muy famosas del Antiguo Testamento. Moisés en nombre de la Ley, y Elías en nombre de los profetas, venían a respaldar y felicitar a Jesucristo y a proclamar que El es el enviado de Dios para salvar al mundo.

Es un elogio hermosísimo hecho por el Padre Dios, acerca de Jesucristo. Es su Hijo Unico. Es amadísimo por Dios, y es preferido por El a todos los demás seres que existen. Verdaderamente merece nuestro amor este Redentor tan amado por su Padre que es Dios.

Señor Jesús: transfigúranos también a 
nosotros en nuevas creaturas, 
totalmente agradables al Padre Dios.

martes, 5 de agosto de 2014

La Basílica Papal de Santa María la Mayor, de Roma.

La Basílica Papal de Santa María la Mayor es una auténtica joya de belleza de valor inestimable. Desde hace dieciséis siglos domina la ciudad de Roma: es el templo mariano por excelencia y cuna de la cultura artística, representa un punto de referencia para los cives mundi que desde todas las partes del mundo llegan a la Ciudad Eterna para deleitarse con lo que la Basílica les ofrece a través de su monumental grandeza.

Es la única de las basílicas mayores de Roma que ha logrado conservar su estructura original, aunque a lo largo del tiempo se han ido añadiendo algunas modificaciones. En su interior presenta algunos detalles por los que destaca respecto a las demás basílicas: en primer lugar los mosaicos de la nave central y del arco triunfal del siglo V d. C., realizados durante el pontificado de Sixto III (432-440) y los del ábside, cuya realización fue dirigida por el fraile franciscano Jacopo Torriti por orden del Papa Nicolás IV (1288-1292); la pavimentación de tipo "cosmatesco" donada por los caballeros Scoto Paparone e hijo en el 1288; el techo artesonado de madera dorada diseñado por Giuliano San Gallo (1450); el belén del siglo XII de Arnolfo de Cambio; las numerosas capillas (de la Borghese a la Sixtina y a la Sforza, de la de Cesi a la del Crucifijo y a la de San Miguel); el Altar mayor realizado por Ferdinando Fuga y sucesivamente enriquecido con otras decoraciones por el genio Valadier; y por último, la Reliquia de la Sagrada Cuna y el baptisterio. Cada columna, cada cuadro, cada escultura, cada pieza de la Basílica representan una recopilación de la historia y de los sentimientos religiosos.

Todos podrán disfrutar de las emociones que transmite este lugar sagrado, desde el peregrino más devoto hasta el simple apasionado de arte.

El encuentro con la Basílica "liberiana", del nombre del Papa Liberio, es una experiencia tan conmovedora que llena el alma y el espíritu de emociones: no es raro ver a los visitadores fascinados por la belleza de las obras, así como es posible darse cuenta de la constante devoción de todas esas personas que ante la imagen de la Virgen María, aquí venerada con la dulce advocación de "Salus Populi Romani", buscan consuelo y alivio.

Todos los años, el día 5 de agosto, se recuerda el "Milagro de la nieve" con una solemne celebración. Ante la mirada conmovida de muchos fieles una cascada de pétalos blancos desciende desde el techo cubriendo el hipogeo y creando como una unión ideal entre la asamblea y la Madre de Dios.

Desde el comienzo de su pontificado el Santo Padre Juan Pablo II quiso que una lámpara estuviera encendida de día y de noche bajo el icono de la Salus, como testimonio de su gran devoción a la Virgen María. El mismo Papa, el 8 de diciembre del 2001, inauguró otra perla preciosa de la basílica: el Museo, cuya estructura moderna y la antigüedad de sus obras maestras ofrecen al visitador un "panorama" único.

Los numerosos tesoros que en ella se encuentran, hacen de Santa María la Mayor un lugar en donde el arte y la espiritualidad se funden en un connubio perfecto, ofreciéndonos aquellas emociones únicas y propias de las obras de arte del hombre que están inspiradas por Dios.

LA FACHADA
Obra de Ferdinando Fuga (1741) está posicionada hacia el mediodía, con un pórtico de cinco aberturas en la parte baja y tres en la galería superior que cubre los magníficos mosaicos del siglo XIII pertenecientes a la antigua fachada. Los mosaicos están engarzados en la sugestiva cornisa como si fueran joyas preciosas y representan el nacimiento de la Basílica con María Santísima que se aparece en un sueño al Papa Liberio y al patricio romano Juan y les indica el lugar donde debía construirse su templo. Un acontecimiento excepcional dio fuerza a la voluntad divina: el 5 de agosto del 358 una nevada cubrió la colina del Esquilino y en la misma nieve el Papa indicó el perímetro de la futura Basílica.

El autor de los mosaicos es Felipe Rusuti; la majestuosidad de esta obra acoge a los visitadores y les provocan una emoción tan especial que les da la sensación de estar más cerca de la grandeza de Dios. Debido a su valor inestimable se puede acceder con una visita guiada que toca la sensibilidad de aquellos que con admiración contemplan esta obra de arte. Se atribuye a las obras de Fuga, tanto en la galería como en el pórtico, un evidente estilo barroco y pictórico.

A través de un estudio del espacio el artista ha dado lugar a una estructura arquitectónica original: a los cinco vanos de abajo, que dan acceso al pórtico, corresponden los tres de la galería superior con un juego de huecos que da alivio a la espesura de las columnas, adornadas por racimos de uva, a los agudos arcos de medio punto, a los frontones, a las cornisas, a los capiteles, a las guirnaldas, a los amorcillos, a las estatuas que representan a San Carlos, a B. Albergoni y a los Santos Pontífices. En este escenario, casi aislada del resto de los personajes, aparece la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús. Los artistas que llevaron a cabo el trabajo fueron Lironi, Bracci, Maini, Slodtz, Della Valle y otros más. La primera piedra de esta fachada -que, dejándonos vislumbrar el juego policromo y el centelleo de la pared musiva, es como un tabernáculo plásticamente sentido- fue colocada por Benedicto XIV el 4 de marzo del 1741.

Los trabajos realizados en la fachada y dentro del templo terminaron en el año 1750. El Papa Lambertini, refiriéndose a toda la obra de restauración, pronunció la famosa frase sarcástica: "Se decía que éramos empresarios de teatro porque parecía un salón de baile". La estructura arquitectónica de los dos palacios laterales es la siguiente: la parte derecha está realizada por Ponzio (1605) y la izquierda por Ferdinando Fuga (1743) construida después de 138 años para poder unificar la fachada de la basílica. Los dos ángeles situados en la puerta central representan respectivamente la Virginidad, obra del Maini y la Humildad realizada por el Bracci.

EL INTERIOR
La Basílica de Santa María la Mayor, situada en la cumbre de la colina del Esquilino, es una de las cuatro Basílicas papales de Roma y es la única que ha conservado la antigua estructura paleocristiana. Una tradición muy antigua nos cuenta que fue la Virgen quien inspiró la construcción de la iglesia en el Esquilino, es decir, el lugar en donde Ella quería que se realizara su morada: apareció en un sueño al patricio Juan y al Papa Liberio, pidiéndoles la construcción de la iglesia en su honor, en el lugar que Ella indicaría milagrosamente. La mañana del 5 de Agosto la colina del Esquilino apareció llena de nieve; el Papa definió el perímetro de la nueva iglesia y Juan se ocupó de la financiación. De la iglesia original nos queda tan sólo un paso delLiber Pontificalis en donde se afirma que el Papa Liberio "Fecit basilicam nomini suo iuxta Macellum Liviae". Las recientes excavaciones realizadas debajo de la Basílica actual no nos han revelado nada de la antigua construcción, pese a que se han encontrado importantes piezas arqueológicas como el magnífico calendario del siglo II - III d. C. y los restos de paredes romanas, sólo en partes visibles y que se encuentran en el museo. El campanario de estilo románico renacentista, que mide 75 metros de altura, es el más alto de Roma. Fue construido por Gregorio XI, tras regresar de Aviñón, y cuenta con cinco campanas. Una de ellas es conocida con el nombre de "la perdida" y todos los días a las nueve de la tarde llama a los fieles con un sonido inconfundible. Entrando en el pórtico a mano derecha se halla la estatua de Felipe IV de España, benefactor de la Basílica. El esbozo de la obra es de Juan Lorenzo Bernini y fue realizada por Girolamo Lucenti en el siglo XIII. En el centro se encuentra la gran puerta de bronce realizada por Ludovico Pogliaghi en el año 1949; en ella se distinguen los episodios de la vida de la Virgen, los profetas, los evangelistas y las cuatro mujeres que en el Antiguo Testamento prefiguraron a la Virgen María. A la izquierda está la Puerta Santa, bendecida por Juan Pablo II el día 8 de diciembre en el año 2001, cuya obra de construcción fue llevada a cabo por el escultor Luis Mattei y ofrecida a la Basílica por la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. En el centro se halla el Cristo resucitado que aparece a la Virgen María representada como la Salus Populi Romani; el modelo para representar a Cristo es el hombre de la Sábana Santa. En lo alto a la izquierda está la Anunciación en el pozo; es un episodio entresacado de los Evangelios apócrifos. En el lado derecho se puede ver una representación de "Pentecostés". Abajo, en la parte izquierda, el Concilio de Éfeso, que definió a María, THEOTOKOS, a la derecha el "Concilio Vaticano II" que la declaró Mater Ecclesiae. El escudo de Juan Pablo II y su máxima están representados en la parte más alta, mientras los dos de abajo pertenecen al Cardenal Furno, que fue arcipreste de la Basílica, y a la Orden del Santo Sepulcro. La actual Basílica pertenece al siglo V d. C. Su construcción está vinculada al Concilio de Éfeso del 431 d. C, que proclamó a María, Theotókos, Madre de Dios, y se llevó a cabo por voluntad de Sixto III, en cuanto obispo de Roma, que la financió. Al entrar en la Basílica se prueba una sensación de grandeza y amplitud: aparece delante de nuestros ojos el resplandor de sus mármoles y la riqueza de las decoraciones; este efecto monumental es debido a la estructura de la Basílica y a la armonía que domina los principales elementos de su arquitectura. Construida según los cánones del "ritmo elegante" de Vitruvio, la Basílica está dividida en tres naves en donde se hallan dos filas de columnas preciosas; a lo largo de ellas corre un artístico entablamento que se interrumpe hacia el ábside debido a dos arcos realizados para la construcción de la Capilla Sixtina y Paolina. Originariamente la parte de la Basílica que se localiza entre el techo y las columnas estaba perforada por grande ventanas, de las cuales se sigue conservando solamente la mitad; en el resto de ellas se han ido construyendo paredes, en donde se pueden admirar una serie de frescos que representan "Historias de la vida de María". Por encima de las ventanas y de los frescos, un friso de madera decorado por preciosas entalladuras que representan una serie de toros cabalgados por amorcillos se une a la cornisa del techo. Los toros representan el símbolo de los Borjas y los escudos de Calixto II y Alejandro VI, los dos papas de la familia de los Borjas, resaltan en el centro del techo. No queda muy claro cuál fue la aportación de Calixto III en la realización de esta obra; sin lugar a duda fue Alejandro VI quien se ocupó de la construcción de la Basílica en la época en que aún desempeñaba su oficio de arcipreste de la misma: el techo fue diseñado por Giuliano de Sangallo y completado por su hermano Antonio. Dice la tradición que fue dorado con el oro de América, regalado por los Reyes Católicos al papa Alejandro VI. A lo largo del suelo de la Basílica se extiende, como si fuera una estupenda alfombra, un mosaico realizado por unos artistas marmolistas ofrecido a Eugenio III en el siglo XII por dos hombres de la nobleza romana, Scoto Paparoni y su hijo Juan. Pero lo que de verdad hace que Santa María la Mayor sea única son los estupendos mosaicos del siglo V, realizados por voluntad de Sixto III y que se desarrollan a lo largo de toda la nave central y sobre el arco de triunfo. Los mosaicos de la nave central resumen cuatro ciclos de la historia Sagrada cuyos personajes son Abrahán, Jacob, Moisés y Josué y en conjunto testimonian la promesa de una tierra que Dios hizo al pueblo judío y su ayuda para llegar a ella. La narración, que no sigue un orden cronológico, comienza en la pared de la izquierda junto el arco triunfal con el sacrificio incruento de Melquisedec, rey-sacerdote. En este recuadro es evidente la influencia iconográfica romana. Melquisedec, representado en posición de ofrenda, y Abrahán con toga de senador, recuerdan el grupo ecuestre del Marco Aurelio. Los paneles sucesivos ilustran episodios de la vida de Abrahán que son anteriores al primer recuadro. Esto hizo que durante mucho tiempo se pensara que cada panel era interdependiente, hasta que un estudio más detallado de los mosaicos demostró que el orden no era casual. Así pues, el panel de Melquisedec sirve para unir los mosaicos de la nave central con los del arco triunfal, que narran la infancia de Cristo rey y sacerdote. A continuación la historia de Abrahán, el personaje más importante del Antiguo Testamento, al cual Dios prometió una "nación grande y potente"; Jacob, a quien el Señor renueva la promesa hecha a Abrahán; Moisés, que librará el pueblo "elegido por Dios" de la esclavitud; Josué, que les llevará a la tierra prometida. El camino se concluye con dos paneles en los que aparecen dos frescos realizados durante las obras de reforma encargadas por el Cardenal Pinelli, que representan a David que lleva el Arca de la Alianza a Jerusalén y el Templo de Jerusalén edificado por Salomón. De la estirpe de David nacerá Cristo cuya infancia está ilustrada en el arco triunfal con episodios sacados de los evangelios apócrifos. En el 1995 Juan Hajnal realizó en el rosetón de la fachada principal una nueva vidriera. En ella está representada la afirmación del Concilio Vaticano II, en donde María, excelsa hija de Sión, es el anillo de unificación entre la Iglesia del Antiguo Testamento, simbolizada por el candelabro de siete brazos y la Iglesia del Nuevo Testamento representada por el cáliz con la Eucaristía.

El arco triunfal se compone de cuatro partes: en lo alto, de izquierda a derecha, la Anunciación, que representa a María vestida como una princesa romana, que lleva en la mano el huso con el cual teje un velo de púrpura para el templo donde se educaba. La historia continua con la anuncio a José, la adoración de los Reyes Magos, la matanza de los inocentes. En este recuadro hay que destacar la figura con el mantón azul que da la espalda a las otras mujeres: es Santa Isabel que huye con San Juan entre sus brazos. A la derecha la presentación en el Templo, la huida a Egipto, el encuentro de la Sagrada Familia con Afrodisio, gobernador de la ciudad Sotine. Según un Evangelio apócrifo, cuando Jesús fugitivo llega a Sotine, en Egipto, los 365 ídolos del capitolium se cayeron. Afrodisio aterrorizado por el acontecimiento y recordando la muerte del faraón, se dirige con su ejército hacia donde estaba la Sagrada Familia y adora al Niño reconociendo su divinidad. El último recuadro representa a los Reyes Magos al lado de Herodes. A los pies del arco aparecen a cada lado las dos ciudades: Belén a la izquierda y Jerusalén a la derecha. Belén es la ciudad donde Jesús nace y desarrolla la Epifanía, Jerusalén es la ciudad en donde Jesús muere y resucita (hay un enlace con el tema apocalíptico de la definitiva llegada del Señor al final del tiempo representado por el trono vacío en el centro del arco, en donde también aparecen Pedro y Pablo, el primero de ellos llamado por Cristo a difundir la "Buena Noticia" entre los judíos; el segundo a difundir la Palabra del Señor entre los gentiles y los paganos). Todos juntos forman la Iglesia de la cual Pedro es guía y Sixto III su sucesor. Al Papa, por ser "episcopus plebi Dei" está asignado el papel de conducir al pueblo de Dios hacia la Jerusalén Celeste. En el siglo XIII Nicolás IV, primer Papa franciscano, decidió derribar el ábside original y construir el actual unos metros más atrás, de tal forma que pudo sacar entre el ábside y el arco un crucero para el coro. La decoración del ábside fue realizada por el franciscano Jacopo Torriti y el coste de las obras corrió a cargo de los cardenales Giacomo y Pietro Colonna. El mosaico de Torriti se divide en dos partes distintas: en la bóveda del ábside está representada la coronación de la Virgen y en la parte inferior los momentos más importantes de su vida. En el centro de la bóveda, dentro en un gran círculo, Cristo y María están sentados en un gran trono diseñado como un diván oriental. El Hijo pone en la cabeza de la Madre la corona con gemas. En el mosaico no se ve a María sólo como a la Madre, sino más bien como a la Iglesia Madre, esposa del Hijo. A los pies de Cristo y María están el sol y la luna y alrededor coros de ángeles adoradores a los que se añaden, en el lado izquierdo, San Pedro, San Pablo, San Francisco de Asís y el Papa Nicolás IV ; y en el derecho, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Antonio y el donador Cardenal Colonna. En el resto del ábside una decoración de sarmientos vegetales brotan de los dos troncos colocados al extremo derecho e izquierdo del mosaico. En la zona inferior del cascarón del ábside las escenas de la vida de la Virgen están colocadas a la derecha y a la izquierda de la "Dormitio", colocada precisamente debajo de la Coronación. Esta forma de describir la muerte de la Virgen es típica de la iconografía bizantina que se difundió también en Occidente después de las Cruzadas. La Virgen está tumbada en la cama y mientras los ángeles se preparan a quitar su cuerpo ante la mirada atónita de los apóstoles, Cristo toma en sus brazos su blanca "alma", que están esperando en el cielo. Torriti enriquece la escena con dos pequeñas figuras de franciscanos y un laico que lleva un gorro típico del siglo XIII. Debajo de la "Dormitio" el papa Benedicto XIV colocó la espléndida "Navidad de Cristo" de Mancini. Entre los pilares jónicos, debajo de los mosaicos, Fuga colocó los bajorrelieves de Mino de Reame que representan el Nacimiento de Jesús, el milagro de la nieve, la fundación de la Basílica por parte del Papa Liberio y la Asunción de María y la Adoración de los Reyes Magos. El baldaquín del altar central también es una obra realizada por Fuga; delante del altar se halla la Confesión, encargada por Pío IX y construida por Vespignani, en donde se ha colocado el relicario de la Cuna. El relicario está hecho de cristal, en forma de cuna y contiene piezas de madera que según la tradición pertenecen al pesebre donde fue colocado el Niño Jesús. Lo realizó Valadier y fue un regalo del embajador de Portugal. La estatua de Pío IX, el Papa del dogma de la Inmaculada Concepción, es obra de Ignazio Jacometti y fue colocado en el hipogeo por voluntad de León XIII.

El Pavimento
Entrando en la Basílica de inmediato se puede admirar el especial pavimento realizado con mosaicos por los maestros marmolistas Cosma, definidos "cosmatescos" (siglo XIII).

Capilla Cesi
Fue encargada alrededor del 1560 por el Cardenal Paolo Cesi y su hermano Federico; no se conoce con seguridad el autor que realizó la obra pero con mucha probabilidad se considera que el proyecto es de Guidetto Guidetti en colaboración con Santiago Della Porta.

Regina Pacis
La estatua de la Regina Pacis fue encargada por Benedicto XV como acción de gracias al acabar la primera guerra mundial; fue llevada a cabo por Guido Galli. La Virgen está sentada en un trono "Regina Pacis y soberana del universo" y en su cara se destaca una nota de tristeza.

La Capilla Sforza
Al lado de la entrada hay lápidas que nos recuerdan que la capilla fue realizada gracias al Cardenal Guido Ascanio Sforza de Santafiora, arcipreste de la Basílica y por su hermano, el Cardenal Alessandro Sforza Cesarini que decidió llevar a cabo las decoraciones realizadas en el 1573. Según Vasari, el autor del proyecto fue Miguel Ángel Buonarroti, el cual nos ha dejado dos esbozos de la capilla en donde se puede ver la planta original con elipses a los lados y una espacio rectangular para el altar. Sermoneta (1512 - 1580) atribuyó a Girlomano Siciolante los retratos representados en los monumentos funerarios y el retablo del altar (1573). El cuadro que se halla sobre el altar es del Siciolante y representa la Asunción de la Virgen. La distribución de los planos está muy bien organizada para poder pasar suavemente desde el ambiente terrenal al celestial, donde la figura de la Virgen aparece representada de forma discreta en una actitud de oración.

La tumba del Bernini
"La noble familia Bernini en este lugar, espera la Resurrección". Al lado del altar mayor, la sencillez de la lápida sepulcral de uno de los mayores artistas del siglo XVII .

La Sagrada Cuna
En frente del altar del hipogeo, ante la estatua de Pío IX y debajo de su escudo, se conserva la célebre reliquia, comúnmente definida "Sagrada Cuna". El relicario que la contiene es una preciosa urna oval de cristal y plata realizado por Valadier .

El "Pesebre" de Arnolfo de Cambio
La imagen sentimental y espiritual de la reconstrucción de un "Pesebre" en recuerdo de un venerado suceso tiene origen en el año 432 cuando el papa Sixto III (432-440) creó en la primitiva Basílica una "Gruta de la Natividad" igual a la de Belén. Los numerosos peregrinos que volvían a Roma desde Tierra Santa trajeron como don precioso fragmentos de madera procedentes de la Sagrada Cuna (cunabulum), hoy custodiados en el dorado relicario del altar de la Confesión. En los siglos sucesivos los varios pontífices se preocuparon siempre de la Sagrada Gruta, hasta que el papa Nicolás IV en el año 1288 encargó a Arnolfo de Cambio una representación escultórica de la Natividad.

Muchos fueron los cambios y las reformas en la Basílica y cuando el Papa Sixto V (1585-1590) quiso erigir en la nave derecha una gran Capilla llamada del SS. Sacramento o Sixtina, encargó en el año 1590 al Arquitecto Domenico Fontana de trasladar aquí la antigua "Gruta de la Natividad" sin demolerla, con los elementos escultóricos de Arnolfo de Cambio que quedaban.
Los tres Reyes Magos con elegantes ropajes al estilo gótico y San José admiran atónitos y reverentes el milagro del Niño en brazos de la Virgen (de P. Olivieri) calentados por el buey y el asno.

CAPILLA BORGHESE
Joya artística de rara belleza, representa un lugar en donde se funde arte y sentimiento religioso; el icono de la "Salus Populi Romani", que la tradición piadosa dice que fue pintada por el evangelista Lucas, auxilia con su materna mirada a todo el que a Ella recurre.

El año 1605 subía al trono pontificio el papa Pablo V (1605-1621), quien mandó realizar la Capilla de la Virgen, que también recibe el nombre de Borghese o Paolina, de frente a la Sixtina respecto a la cual es simétrica en lo que se refiere a la planta y al esquema arquitectónico. También la planta de esta Capilla es de cruz griega, con compartimentos corintios y tiene cuatro grandes arcos regidos por potentes pilares en donde se apoya la cúpula. Fue edificada para custodiar la Imagen de la Virgen "Salus Populi Romani" por orden de Pablo V y su diseño es del arquitecto Flaminio Ponzio (1560-1618), entre los años 1606 y 1612; su consagración tuvo lugar el 27 de enero de 1613, pero durante los años sucesivos se continuaron las obras de decoración. 

Su realización le costó a la Cámara Apostólica 299.261 escudos y 61 bayocos y es antecedente de 25 años a la Capilla Sixtina, con decoraciones pictóricas libres y impetuosas; los mármoles son de gran calidad y concuerdan con las doradas cornisas; los ángeles (de una belleza impresionante) son de bronce y de escayola (sonrientes, vuelan con vibrantes alas); el majestuoso altar es de un azul intenso que encanta a quienes se detienen a observar los matices de la obra. Estas grandiosas y al mismo tiempo refinadas obras artísticas de la Capilla Borghese tienen matices bien definidos de principios del barroco que le dan una singular vibración de alegría y de vida. Los artistas o manieristas más célebres de aquella época compitieron en su decoración. El primer modelo del altar fue realizado en madera de peral en el 1607 y un año más tarde el fundidor Pompeo Targoni empezaba los trabajos, que terminó en septiembre del 1612.

La obra brilla de metal dorado, forjado en las esbeltas formas y movimientos de ángeles, que sostienen el marco de la "Salus Populi Romani". Los ángeles fueron modelados por Camillo Mariani. La gran variedad de detalles y la preciosidad de los contrastes luminosos que caracterizan a los ángeles de Mariana, le deben mucho al manierismo florentino de Sansovino, pero al mismo tiempo consiguen una nota lírica de ligereza frente a la fuerte masa de la estructura arquitectónica. También la estatua de San Juan Evangelista es obra de Mariani. Sin lugar a duda la pieza más decorativa y más interesente en el interior del armazón del altar mayor de la Capilla Paolina es el bajorrelieve del frontispicio, obra de Stefano Maderno que representa al papa Liberio trazando el perímetro de la basílica sobre la nieve. Son asimismo de Maderno los dos ángeles que sostienen la inscripción situados en los laterales de las tumbas.

La mesa del altar la regaló en el 1749 la princesa Agnese Colonna Borghese, y lleva los escudos de esta familia. Giuseppe Cesari, el Caballero de Arpino, es el autor de las obras que aparecen en el luneto encima del altar: a la izquierda, el fresco que representa la aparición de la Virgen y de San Juan Evangelista a San Gregorio Taumaturgo; en los frescos de la derecha se puede ver representadas algunas personas mordidas por la serpiente de la herejía y el Templo de Dios con una multitud de creyentes. El mismo artista pintó en las pechinas de la cúpula a los grandes Profetas: Isaías, de aspecto sobrio, con el pelo blanco y la barba, con un traje azul, un manto rojo y descalzo; Jeremías con la frente calva, la barba canosa, con un traje azul y un manto amarillo que le envuelve y le cubre hasta los pies; Ezequiel de aspecto juvenil, con el pelo rubio, imberbe, y mejillas coloradas, con vestidos morados enriquecidos por ornamentos de color azul, sin mangas (de tal forma que los brazos se quedan desnudos) y con un manto de color amarillo que lo envuelve; el joven Daniel aparece sentado, de pelo largo, ondulado y rubio, de piel blanca y con un traje azul celeste bordado de oro, con las mangas giradas y un manto purpúreo. El mismo Caballero de Arpino pintó en el arco de la tribuna del altar a los Santos Obispos Ignacio y Teofilo, Ireneo y Cipriano.
La Asunción, que se halla dentro de la cúpula, es de Ludivico Cardi, llamado El Cigoli. Encima de las nubes, aparece María Santísima que es llevada al cielo. Debajo de los pies de la Madre de Dios, el autor ha pintado la luna exactamente como la había mostrado el telescopio de Galileo, que era amigo de Cardi. Los Apóstoles, algunos sentados y otros de pie, siguen con la mirada el triunfo de María Santísima que llevan en sus manos el cetro de reina. Ante la Virgen, que ha aplastado a la serpiente, se abre el Empíreo mientras una multitud de Ángeles gira alrededor de ella rindiéndole homenaje. De esa multitud se separa un grupo de Querubines, colocándose en forma de nube para hacerle un trono con sus alas doradas; otros grupos tocan las trompeta; otros cantan y el resto derrama flores. Más arriba se ve una multitud de espíritus celestiales de los cuales se entreven sólo medio cuerpo, o los bustos o las cabezas. Un cupulino con seis ventanillas es la majestuosa linterna de la cúpula. En el fondo está pintado el Padre Eterno, rodeado de una multitud de serafines. En la bóveda de la nave, delante de la Capilla, Giovanni Baglione pintó Doctores y Evangelistas. En la parte interna del arco, encima de la entrada, se pueden ver las figuras de Juliano el Apóstata, León IV Armenio y Constantino Coprónimo; en el oval que se halla sobre el altar aparece la imagen de San Lucas.

En el gran arco de la derecha Guido Reni ha representado en un fresco a los Santos Cirilo de Alejandría, Ildefonso, Juan Crisóstomo las Santas Pulqueria, Gertrudis y Cunegonda. En el gran arco de la izquierda, San Eraclio, San Narsete y las figuras poderosas de Santo Domingo y San Francisco. En el mismo arco de la izquierda, encima del monumento de Pablo V, Guido Reni ha pintado el Eterno Padre enfadado por la maldad de los hombres. Mientras que son de Stefano Maderno los amorcillos del friso a la altura de los capiteles.

Nicolás Cordier, en cambio, esculpió la estatua de David que aplasta al gigante Goliat y con el dedo índice señala su descendiente: el Mesías. La estatua de San José fue realizada por Ambrosio Buonvicino.

Entrando en la Capilla a mano derecha se halla el monumento a Clemente VIII (1592-1605) de Silla de Viggiù, mientras las cariátides, que poseen un fuerte sentido pictórico, son obras de Pietro Bernini. A la izquierda se puede ver el monumento a Pablo V (obra de Silla de Viggiù) representado en una actitud de gran devoción.

CAPILLA SIXTINA
Antes de hablar de una obra tan importante como la Capilla Sixtina es necesario hacer una pequeña alusión al pontífice que la quiso edificar. 

Sixto V fue el Papa que supo devolver a la ciudad depauperada el vigor necesario después del "saqueo" de Roma en 1527 y su primera preocupación fue la de restituir a la ciudad eterna la posibilidad de extenderse, de modo que decidió sanar las zonas malsanas y crear infraestructuras útiles al aprovechamiento de áreas ya ocupadas por los nuevos asentamientos. A su arquitecto de confianza, Domingo Fontana, el pontífice mandó construir la capilla del Santísimo Sacramento digna también de custodiar el belén.

El programa iconográfico de la decoración pictórica, que representa antepasados de Cristo, historias de la Virgen y de la vida de Jesús, tiene su centro de la Capilla del belén, situada debajo del altar que sigue conservando el antiguo Oratorio del belén, realizado por Arnolfo de Cambio en el siglo XIII, que Domenico Fontana trasladó entero desde el ábside de la Basílica. Las pinturas de la Capilla Sixtina celebran el triunfo conseguido por la Virgen, cuya maternidad divina negaba la herejía protestante, en el Concilio de Trento. La obra fue dirigida por Cesare Guerra y Giovanni Nebbia, que entre los años 1587 y 1589 recibieron el pago debido. Su mayor preocupación fue que las figuras de la Capilla Sixtina fueran la continuación natural del mensaje ya expresado en los mosaicos del arco del ábside.

Estilísticamente las pinturas "sixtinas" ceden el paso a un lenguaje muy llamativo para el observador. Eliminado todo tipo de intelectualismo o excesiva personalización artística, las imágenes proceden claras y reconocibles sin necesidad de ulteriores comentarios.

Sixto V quiso colocar en la Capilla su propia tumba y la de San Pío V, el Papa que lo consagró Cardenal. El monumento funerario del Papa es el más antiguo: fue diseñado por Fontana, mientras que la estatua es obra de Leonardo Sarzana; Sixto V fue personalmente al taller del artista, y en el junio del año 1587 quiso presenciar su erección. Juan Antonio Paracca, sobrenombrado Valsoldo, ha realizado la estatua de Sixto V: el pontífice está de rodillas y mirando bondadosamente hacia el Tabernáculo y el belén de la Cripta. El altar, obra de Sebastiano Torregiani, es bellísimo; situado en el centro de la capilla con cuatro ángeles de bronce, de color dorado y de grandeza natural, los cuales sostienen el ciborio que representa el modelo de la misma Capilla, ricamente decorado con ángeles y profetas de forma redonda y bajorrelieves en las ventanillas. A los pies del altar, al finalizar la doble escalera de la Confesión que lleva el Oratorio del belén, se encuentra la Natividad de Cecchino de Pietrasanta del siglo XVI, colocada sobre un altar de estilo cosmatesco.

lunes, 4 de agosto de 2014

San Juan María Vianney (El Santo Cura de Ars). Párroco

Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes".

Era un campesino de mente rústica, nacido en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió ferozmente a la religión católica. Así que él y su familia, para poder asistir a misa tenían que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas, donde los agentes del gobierno no se dieran cuenta, porque había pena de muerte para los que se atrevieran a practicar en público sulreligión. La primera comunión la hizo Juan María a los 13 años, en una celebración nocturna, a escondidas, en un pajar, a donde los campesinos llegaban con bultos de pasto, simulando que iban a alimentar sus ganados, pero el objeto de su viaje era asistir a la Santa Misa que celebraba un sacerdote, con grave peligro de muerte, si los sorprendían las autoridades.

Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Y como estaban en guerra, Napoléon mandó reclutar todos los muchachos mayores de 17 años y llevarlos al ejército. Y uno de los reclutados fue nuestro biografiado. Se lo llevaron para el cuartel, pero por el camino, por entrar a una iglesia a rezar, se perdió del gurpo. Volvió a presentarse, pero en el viaje se enfermó y lo llevaron una noche al hospital y cuando al día siguiente se repuso ya los demás se habían ido. Las autoridades le ordenaron que se fuera por su cuenta a alcanzar a los otros, pero se encontró con un hombre que le dijo. "Sígame, que yo lo llevaré a donde debe ir". Lo siguió y después de mucho caminar se dio cuenta de que el otro era un desertor que huía del ejército, y que se encontraban totalmente lejos del batallón.

Y al llegar a un pueblo, Juan María se fue a donde el alcalde a contarle su caso. La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Al fin en 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianey pudo volver otra vez a su hogar.

Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante No se le queda nada". Y lo echaron.

Se fue en peregrinación de muchos días hasta la tumba de San Francisco Regis, viajando de limosna, para pedirle a ese santo su ayuda para poder estudiar. Con la peregrinación no logró volverse más inteligente, pero adquirió valor para no dejarse desanimar por las dificultades.

El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianey. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.

Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote.

Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianey es de buena conducta? - Ellos le repondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".

Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote, este joven que parecía tener menos inteligencia de la necesaria para este oficio, y que luego llegó a ser el más famoso párroco de su siglo (4 días después de su ordenación, nació San Juan Bosco). Los primeros tres años los pasó como vicepárroco del Padre Balley, su gran amigo y admirador.

Unos curitas muy sabios habían dicho por burla: "El Sr. Obispo lo ordenó de sacerdote, pero ahora se va a encartar con él, porque ¿a dónde lo va a enviar, que haga un buen papel?".

Y el 9 de febrero de 1818 fue envaido a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferecian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianey de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.

El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro. ¿Qué en Ars casi nadie iba a la Misa? Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento en el altar. ¿Qué el pueblo estaba lleno de cantinas y bailaderos? Pues el párroco se dedicó a las más impresionantes penitencias para convertirlos. Durante años solamente se alimentará cada día con unas pocas papas cocinadas. Los lunes cocina una docena y media de papas, que le duran hasta el jueves. Y en ese día hará otro cocinado igual con lo cual se alimentará hasta el domingo. Es verdad que por las noches las cantinas y los bailaderos están repletos de gentes de su parroquia, pero también es verdad que él pasa muchas horas de cada noche rezando por ellos. ¿Y sus sermones? Ah, ahí si que enfoca toda la artillería de sus palabras contra los vicios de sus feligreses, y va demoliendo sin compasión todas las trampas con las que el diablo quiere perderlos.

Cuando el Padre Vianey empieza a volverse famoso muchas gentes se dedican a criticarlo. El Sr. Obispo envía un visitador a que oiga sus sermones, y le diga que cualidades y defectos tiene este predicador. El enviado vuelve trayendo noticias malas y buenas.

El prelado le pregunta: "¿Tienen algún defecto los sermones del Padre Vianey? - Sí, Monseñor: Tiene tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre habla de los mismos temas: los pecados, los vicios, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo". - ¿Y tienen también alguna cualidad estos sermones? - pregunta Monseñor-. "Si, tienen una cualidad, y es que los oyentes se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes".

El Obispo satisfecho y sonriente exclamó: "Por esa última cualidad se le pueden perdonar al Párroco de Ars los otros tres defectos".

Los primeros años de su sacerdocio, duraba tres o más horas leyendo y estudiando, para preparar su sermón del domingo. Luego escribía. Durante otras tres o más horas paseaba por el campo recitándole su sermón a los árboles y al ganado, para tratar de aprenderlo. Después se arrodillaba por horas y horas ante el Santísimo Sacramento en el altar, encomendándo al Señor lo que iba decir al pueblo. Y sucedió muchas veces que al empezar a predicar se le olvidaba todo lo que había preparado, pero lo que le decía al pueblo causaba impresionantes conversiones. Es que se había preparado bien antes de predicar.

http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/2012/04/el-santo-cura-de-ars-y-el-demonio.html

Pocos santos han tenido que entablar luchas tan tremendas contra el demonio como San Juan Vianey. El diablo no podía ocultar su canalla rabia al ver cuantas almas le quitaba este curita tan sencillo. Y lo atacaba sin compasión. Lo derribaba de la cama. Y hasta trató de prenderle fuego a su habitación . Lo despertaba con ruidos espantosos. Una vez le gritó: "Faldinegro odiado. Agradézcale a esa que llaman Virgen María, y si no ya me lo habría llevado al abismo".

Un día en una misión en un pueblo, varios sacerdotes jovenes dijeron que eso de las apariciones del demonio eran puros cuentos del Padre Vianey. El párroco los invitó a que fueran a dormir en el dormitorio donde iba a pasar la noche el famoso padrecito. Y cuando empezaron los tremendos ruidos y los espantos diabólicos, salieron todos huyendo en pijama hacia el patio y no se atrevieron a volver a entrar al dormitorio ni a volver a burlarse del santo cura. Pero él lo tomaba con toda calma y con humor y decía: "Con el patas hemos tenido ya tantos encuentros que ahora parecemos dos compinches". Pero no dejaba de quitarle almas y más almas al maldito Satanás.

Cuando concedieron el permiso para que lo ordenaran sacerdote, escribieron: "Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio". Pues bien: ese fue su oficio durante toda la vida, y lo hizo mejor que los que sí tenían mucha ciencia e inteligencia. Porque en esto lo que vale son las iluminaciones del Espíritu Santo, y no nuestra vana ciencia que nos infla y nos llena de tonto orgullo.

Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.

Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianey. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.

A las 12 de la noche se levantaba el santo sacerdote. Luego hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba hombres hasta las seis de la mañana. Poco después de las seis empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse a la Santa Misa. A las siete celebraba el santo oficio. En los últimos años el Obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.

De ocho a once confesaba mujeres. A las 11 daba una clase de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.

A las doce iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas.

De una y media hasta las seis seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era fuerte en combatir la borrachera y otros vicios.

En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: "El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo". Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.

Por la noche leía un rato, y a las ocho se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.

Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. Se cerraron muchas cantinas y bailaderos.

En Ars todos se sentían santamente orgullosos de tener un párroco tan santo. Cuando él llegó a esa parroquia la gente trabajaba en domingo y cosechaba poco. Logró poco a poco que nadie trabajara en los campos los domingos y las cosechas se volvieron mucho mejores.

Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos. A un hombre que lo insultó en la calle le escribió una carta humildísima pidiendole perdón por todo, como si el hubiera sido quién hubiera ofendido al otro. El obispo le envió un distintivo elegante de canónigo y nunca se lo quiso poner. El gobierno nacional le concedió una condecoración y él no se la quiso colocar. Decía con humor: "Es el colmo: el gobierno condecorando a un cobarde que desertó del ejército". Y Dios premió su humildad con admirables milagros. El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad.



CUERPO INCORRUPTO


LA ORACIÓN SEGÚN EL SANTO CURA DE ARS
Hermosa obligación del hombre: Orar y amar.

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro. El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable.

En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión. Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.

En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol. Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.


Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti..." Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.
Juan Maria Vianney
(Cura de Ars)

Santo Cura de Ars: 
Pide a Dios que nos envíe siempre
buenos párrocos como tú.

RELIQUIA: CORAZÓN DEL CURA DE ARS

domingo, 3 de agosto de 2014

Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal. Fundadora

SAN FRANCISCO DE SALES Y SANTA JUANA DE CHANTAL

Esta santa fue la más activa colaboradora de San Francisco de Sales en la fundación de la comunidad de las Hermanas de la Visitación.

Nació en Dijon, Francia, en 1572. Era hija del Presidente del Parlamento de esa región, el Sr. Fremiot, hombre muy distinguido y apreciado. Su santa madre murió cuando la niñá tenía apenas 18 meses, y toda la educación de la futura santa en sus primeros años corrió por cuenta de su padre, el cual supo encaminarla hacia la consecución de una gran personalidad.

Cuando la niña tenía aproximadamente unos ocho años, llegó a su casa un protestante, el cual decía que no era posible que Dios convirtiera una hostia en el cuerpo de Cristo. La jovencita le preguntó: "¿Sabe Ud. el Credo?". - Claro que sí, respondió el otro- "¡Pués dígalo!" Y el protestante empezó a decir: Creo en Dios Padre Todopoderoso... En ese momento Juana lo interrumpió exclamando: -¡Uy, no diga Ud. eso de que Dios es Todopoderoso!- ¿Por qué? - ¡Porque si Dios no puede hacer que una hostia se convierta en el cuerpo de Jesucristo, ya Dios no es Todopoderoso!- El otro no fue capaz de responderle.

En 1592, al cumplir Juana sus 20 años, se casó con el Barón de Chantal, un aguerrido militar que poseía un castillo cerca al de la familia de la joven. En adelante ella se llamará la Señora Fermiot de Chantal. Su matrimonio transcurrió felizmente por nueve años, y tuvierón un hijo y tres hijas. Pero en 1601 el esposo salió de cacería y a uno de sus compañeros se le disparó el arma y lo hirió mortalmente. Ya moribundo el Sr. Chantal hizo jurar a Juana que no tomaría ninguna venganza contra el que lo había herido, y murió santamente. Ella quedaba viuda de sólo 29 años y con cuatro hijos pequeños. Fue después madrina de los hijos del que había matado a su marido, y para demostrar que sí perdonaba totalemente, ayudó siempre a esa familia.

Por dos años le pidió a Nuestro Señor la gracia de encontrar un director espiritual que la encaminara hacia la santidad. Y una vez en sueños vio a un sacerdote alto y venerable, y oyó una voz que le decía: "Ese es". - Ella no lo había visto nunca antes. Y en el año 1604 San Francisco de Sales fue a la ciudad de Dijon a predicar la Cuaresma, y Juana asistió a sus sermones, y tan pronto lo vio la primera vez, se dio cuenta de que este era el sacerdote que le había sido indicado en el sueño. Por su parte San Francisco fijó su atención en una señora de riguroso luto que le atendía muy esmeradamente su sermón y al terminar la predicación le preguntó al Sr. Arzobispo quién era la tal señora.- "Es mi hermana - le dijo el prelado - y mañana se la presento". Al día siguiente llevó a su hermanaa Juana a visitar a Monseñor de Sales.

Desde el primer día en que se encontraron, San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, se dieron cuenta de que estaban destinados a ayudarse fuertemente en lo espiritual el uno al otro. La santa hizo con él una confesión general de toda su vida, y le pidió que fuera su director espiritual. Esta amistad santa la hará progresar mucho en la perfección. El personal de servicio que había en el Castillo de Dijon, donde Juana vivía (al lado de su suegro duro gruñón, que la hizo sufrir muchísimo, pero del cual ella nunca se quejó), comentaba: "Esta señora ha cambiado como la noche al día, desde que recibe consejos del santo obispo de Sales. Ahora es mucho más amable y bondadosa".

La viuda Juana se dedicó a educar a sus hijos, y a administrar muy bien los bienes que le había dejado su marido, y a repartir cuantiosas limosnas a los pobres. Había hambre y escasez en el país y cada día una gran fila de mendicantes llegaba al castillo a recibir abundante comida y buenas atenciones médicas. Ella misma visitaba en sus ranchos a los que estaban postrados y asistía a los enfermos más repugnantes y abandonados. Todo el numeroso personal de trabajadores de sus fincas rezaba las oraciones por la mañana y por la noche, asistía a misa cada domingo y recibía instrucciones religiosas cada semana. La amaban como a madre cariñosa.

Su inmenso deseo era el de hacerse religiosa, pero San Francisco se oponía a ello, porque primero tenía que educar bien a sus hijos. Finalmente cuando estos ya estuvieron bien formados y preparados para triunfar en la vida, el santo aceptó que se fuera de religiosa. Pero entonces su padre y sus hijos se opusieron totalmente. El papa se le arrodilló llorando, a suplicarle que no se alejara de los suyos, pero ella seguía inconmovible en su determinación de seguir su vocación. Su hijo se acostó en la puerta diciendo que tendría que pasar sobre él si quería irse de religiosa. La valiente mujer, pasó sobre el cuerpo de su muy amado hijo, y casi desmayada por su inmenso pesar se alejó llorando y partió velozmente hacia el sitio en donde iba a empezar su labor de religiosa. Todos sus parientes se alegrarán después y se felicitarán por tener de familiar a una religiosa de tanto prestigio y de tan grande santidad.

San Francisco de Sales había preparado con muchos años de oración y de meditación la fundación de una nueva comunidad de religiosas. Las llamó Hermanas de la Visitación de la Sma. Virgen. El santo obispo encontró en Juana Francisca la mujer ideal para que le dirigiera su comunidad de mujeres. Así que en 1610, los dos santos emprendieron la fundación de esta nueva Congregación que tantos triunfos religiosos le iba a proporcionar a la Iglesia Católica. Esta comunidad tenía la especialidad de que recibía personas aun con graves defectos, y muy pobres, con tal de que tuvieran un fuerte deseo de llegar a la santidad. San Francisco repetía que cada casa religiosa es un hospital de almas a donde acuden quienes tienen el alma enferma, pero desean conseguir su curación espiritual.

Pronto se hizo popular en el mundo el Reglamento tan bondadoso y humano que el santo de Sales redactó para sus religiosas de la Visitación. Se propuso que no fuera "ni demasiado duro para las débiles, ni demasiado suave para las fuertes". El santo quería que la bondad, la mansedumbre y la humildad fueran las características o distintivos de sus religiosas, y santa Juana y sus compañeras se propusieron llevar a la práctica lo mejor posible estos ideales del santo fundador.

Para ellas y para las demás mujeres que desearan llegar a la santidad por medios fáciles y sencillos, compuso San Francisco tres libros formidables que han hecho inmenso bien en todo el mundo "La Práctica del amor de Dios" (el preferido por Santa Juana), que la llevó a ella a un altísimo grado de amor hacia nuestro Señor. "Las conversaciones Espirituales" (que son las charlas que el santo les hacía a las religiosas cuando iba a visitarlas y que la Madre Chantal y sus compañeras fueron copiando cuidadosamente) y El arte de aprovachar nuestras faltas que no fue redactado como libro por el santo, sino que ha sido extractado de los centenares de cartas que el escribió a las personas a las cuales proporcionaba dirección espiritual por correspondencia. Estos escritos sumados a su libro más famoso "La introducción a la Vida Devota" (o Filotea) llevaron a la Madre Chantal y a sus compañeras a un altísimo grado de espiritualidad.

Su padre, el Presidente Fremiot, había formado a Juana con una rigidez especial, como preparándola para terribilísimos problemas que se le pudieran presentar en la vida, y esta formación le llegó muy oportuna, porque el sartal de dificultades que le fueron llegando, parecía interminable.

Primero fue la muerte inesperada de su esposo en tan absurdo accidente y el aguantar pacientemente por años a su suegro, viejo gruñón y cansón. Luego su hijo Celso, al cual había preparado con tanto esmero, entró de militar, y al salir a defender la patria contra los invasores extranjeros y contra los herejes hugonotes, cayó muerto en la batalla, dejando una viuda muy joven y una niña recién nacida (de cuya formación tuvo que encargarse la madre Chantal). Una de sus hijas se casó con un alto empleado de la corte, el cual murió inesperadamente en una epidemia, y la joven esposa en medio de grandes angustias murió al dar a luz a su primer hijo.

En 1622 murió San Francisco de Sales, dejándola sola al frente de una numerosa Comunidad, recién fundada, y luego llegó la peste que acabó con buena parte de las religosas de su comunidad. Además de todo esto, la alta sociedad no dejaba de criticarla y burlarse de ella por haber entrado de religiosa (San Francisco le escribía una vez: "Si Ud. se hubiera casado nuevamente con un señor riquísimo, la gente no la criticaría, pero como se dedicó a servir al Creador del cielo y de la tierra, ahora sí que la critican sin compasión. Ánimo: trabajar y hacer el bien incansablemente, y dejar que murmuren hasta que se revienten").

Cuando San Francisco de Sales murió, se encargó de la dirección espiritual de Juana y de sus religiosas, San Vicente de Paul, y este santo dejó de ella el siguiente retrato espiritual: "Era una mujer de gran fe y sin embargo tuvo tentaciones contra la fe toda su vida. Aparentemente había alcanzado la paz y la tranquilidad del espíritu, pero en su interior sufría terribles pruebas, tentaciones abominables y una sequedad espiritual que la hacía sufrir mucho. La vista de su propia alma la atormentaba. Pero en medio de tan grandes sufrimientos jamás perdió la serenidad y el buen genio, y todo lo hacía por amor a Dios y por la salvación de las almas. Por eso la considero como una de las almas más santas que haya habido sobre la tierra". Magnífico elogio hecho por un gran santo, acerca de una santa admirable.

En 1641 había visitado ya uno por uno los 65 conventos que su comunidad tenía en varios países. Tenía 69 años. Le había dicho a Nuestro Señor: "Puedes destruir y cortar y quemar todo lo que en mí y en mi vida te parezca que es necesario sacrificar para cooperar a la extensión de tu reino". Y Dios le había aceptado su generoso ofrecimiento. Extenuada y falta de fuerzas a causa de tanto trabajar y sacrificarse por la salvación de las almas, expiró santamente el 13 de diciembre de ese mismo año, 1641. El Papa la declaró santa en 1767.

Que Santa Juana nos consiga de Dios la gracia 
de dedicar totalmente nuestra vida y nuestras fuerzas
y capacidades a propagar el Reino de Dios y 
a conseguir la salvación de muchas almas.

Nadie tiene mayor amor que quien sacrifica
su vida por los demás (Jesucristo Jn. 15, 13).

CUERPO INCORRUPTO

domingo, 27 de julio de 2014

Santa María Josefa Rosello. Fundadora de la Congregación de Nuestra Señora de la Merced o de las Misericordias

Esta activísima mujer tuvo el consuelo de que al morir ya había fundado 66 conventos de su comunidad. Es la fundadora de las Hermanas de la Misericordia. En un retrato que le fue tomado, la santa aparece con un rostro firmemente perfilado y lleno de energía; sereno, y con la alegría de quien espera conseguir nuevos triunfos.

María Josefa nació en 1811 en Abisola, Italia, de familia pobre. Cuando todavía era muy jovencita, su papá la llamaba "la pequeña capitana", porque demostraba tener cualidades de líder y ejercía mucha influencia entre sus compañeras.

Un día todas las personas mayores del pueblo dispusieron irse en peregrinación a visitar un santuario de la Virgen, en otra población. Cuando ya los mayores se habían marchado, María Josefa organizó a las niñas de la población y con ellas se fue cantando y rezando, en peregrinación al templo del pueblo. Un joven subió a la torre e hizo repicar las campanas, y así también los menores tuvieron su fiesta religiosa.

Un par de esposos muy ricos sufrían porque el marido estaba paralizado y no tenían quien le hiciera de enfermera. Averiguaron qué mujer había de absoluta confianza y les recomendaron a Josefa. Y ella atendió con el más esmerado cariño al pobre paralítico durante ocho años. Los esposos en pago a tantas bondades, dispusieron hacerla heredera de sus cuantiosos bienes. Pero la joven les dijo que solamente había hecho esto por amor a Dios, y no les recibió nada.

Nuestra joven sentía un gran deseo de dedicarse a llevar una vida de soledad y oración, pero su confesor le dijo que eso no era lo mejor para su temperamento emprendedor. Entonces al saber que el señor obispo de Savona estaba aterrado al ver que había tantas niñas abandonadas por las calles, sin quién las educara, se le presentó para ofrecerle sus servicios. Al prelado le pareció muy buena su oferta y la encargó de conseguir otras jovenes que quisieran dedicarse a la educación de niñas abandonadas. Y así en 1837 con ella y varias de sus amigas quedó fundada la congregación de Nuestra Señora de la Merced o de las Misericordias, con el fin de atender a las jóvenes más pobres.

Con unos muebles viejos, una casona casi en ruinas, cuatro colchones de paja extendidos en el suelo, unos kilos de papas, un crucifijo y un cuadro de la Santísima Virgen, empezaron su nueva comunidad. Y Dios la bendijo tanto, que ya en vida de la fundadora se fundaron 66 casas de la comunidad. Sus biógrafos dicen que María Josefa no hizo milagros de curaciones, pero que obtuvo de Dios el milagro de que su congregación se multiplicara de manera admirable. Cada vez que tenía unos centavos sobrantes en una casa, ya pensaba en fundar otra para las gentes más pobres.
La esposa del paralítico al cual ella había atendido con tanta caridad cuando era joven, le dejó al morir toda su grande herencia y con eso pudo pagar terribles deudas que tenía y fundar nuevas casas.

La Madre Josefa tenía una confianza total en la Divina Providencia, o sea en el gran amor generoso con que Dios cuida de nosotros. Y aún en las circunstancias más difíciles no dudaba de que Dios iba a intervenir a ayudarla, y así sucedía. En su escritorio tenía una calavera para recordar continuamente en que terminan las bellezas y vanidades del mundo.

Durante 40 años fue superiora general, pero aún teniendo tan alto cargo, en cada casa donde llegaba, se dedicaba a ayudar en los oficios más humildes: lavar, barrer, cocinar, atender a los enfermos más repugnantes, etc.

Ante tantos trabajos y afanes se enfermó gravemente. El obispo se dio cuenta de que se trataba de cansancio y exceso de trabajo. La envió a descansar varias semanas, y volvió llena de salud y de energías para seguir trabajando, por el Reino de Dios.

Los misioneros encontraban muchas niñas abandonadas y en graves peligros y las llevaban a la Madre Josefa. Y ella, aun con grandes sacrificios y endeudándose hasta el extremo, las recibía gratuitamente para educarlas.

Su gran deseo era el poder enviar misioneras a lejanas tierras. Y la ocasión se presentó en 1875 cuando desde Buenos Aires, Argentina, le rogaron que enviara a sus religiosas a atender a las niñas abandonadas. Y coincidió el envío de sus primeras misioneras con el primer grupo de misioneros salesianos que enviaba San Juan Bosco. Así que ellas en el barco recibieron la bendición y los consejos de este gran santo que estaba ese día despidiendo a sus primeros misioneros salesianos. También en América sus religiosas fueron fundando hospitales, casas de refugio y obras de beneficiencia.

Sus últimos años padeció muy dolorosas enfermedades que la redujeron casi a total quietud. Y llegaron escrúpulos o falsos temores de que se iba a condenar. Era una pena más que le permitía Dios para que se santificara más y más. Pero venció esas tentaciones con gran confianza en Dios y murió diciendo: "Amemos a Jesús. Lo más importante es amar a Dios y salvar el alma". El 7 de diciembre de 1880 pasó a la eternidad y en 1949 fue declarada santa.

Que la Divina Providencia de Dios 
envíe a su santa Iglesia muchas "capitanas" que, 
como María Josefa Rosello, se dediquen a 
llenar el mundo de obras de caridad.

Dijo Jesús: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio".