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lunes, 3 de noviembre de 2014

San Martín de Porres

En Sudamérica es muy popular San Martín de Porres y hasta se han filmado hermosas películas acerca de su vida y milagros. Es un santo muy simpático y milagroso. 

Nació en Lima, Perú, hijo de un blanco español y de una negra africana. Por el color de su piel, su padre no lo quiso reconocer y en la partida de bautismo figura como "de padre desconocido". Su infancia no fue demasiado feliz, pues por ser mulato (mitad blanco y mitad negro, pero más negro que blanco) era despreciado en la sociedad. 

Aprendió muy bien los oficios de peluquero y de enfermero, y aprovechaba sus dos profesiones para hacer muchos favores gratuitamente a los más pobres. A los 15 años pidió ser admitido en la comunidad de Padres Dominicos. Como a los mulatos les tenían mucha desconfianza, fue admitido solamente como "donado", o sea un servicial de la comunidad. Así vivió 9 años, practicando los oficios más humildes y siendo el último de todos.

Al fin fue admitido como hermano religioso en la comunidad y le dieron el oficio de peluquero y de enfermero. Y entonces sí que empezó a hacer obras de caridad a manos llenas. Los frailes se quejaban de que Fray Martín quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba lo socorría y hasta llevaba a algunos más graves y pestilentes a recostarlos en su propia cama cuando no tenía más donde se los recibieran. 

Con la ayuda de varios ricos de la ciudad fundó el Asilo de Santa Cruz para reunir a todos los vagos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación. 

Aunque él trataba de ocultarse, sin embargo su fama de santo crecía día por día. Lo consultaban hasta altas personalidades. Muchos enfermos lo primero que pedían cuando se sentían graves era: "Que venga el santo hermano Martín". Y él nunca negaba un favor a quien podía hacerlo. Pasaba la mitad de la noche rezando. A un crucifijo grande que había en su convento iba y le contaba sus penas y sus problemas, y ante el Santísimo Sacramento y arrodillado ante la imagen de la Virgen María pasaba largos tiempos rezando con fervor. 

Sin moverse de Lima, fue visto sin embargo en China y en Japón animando a los misioneros que estaban desanimados. Sin que saliera del convento lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos. A los ratones que invadían la sacristía los invitaba a irse a la huerta y lo seguían en fila muy obedientes. En una misma cacerola hacía comer al mismo tiempo a un gato, un perro y varios ratones. Llegaron los enemigos a su habitación a hacerle daño y él pidió a Dios que lo volviera invisible y los otros no lo vieron. 

Cuando oraba con mucha devoción se levantaba por los aires y no veía ni escuchaba a la gente. A veces el mismo virrey que iba a consultarle (siendo Martín tan de pocos estudios) tenía que aguardar un buen rato en la puerta de su habitación, esperando a que terminara su éxtasis. En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir". 

El Arzobispo se enfermó gravemente y mandó llamar al hermano Martín para que le consiguiera la curación para sus graves dolores. Él le dijo: ¿Cómo se le ocurre a su excelencia invitar a un pobre mulato? Pero luego le colocó la mano sobre el sitio donde sufría los fuertes dolores, rezó con fe, y el arzobispo se mejoró en seguida. 

Recogía limosnas en cantidades asombrosas y repartía todo lo que recogía. Miles de menesterosos llegaban a pedirle ayuda. 

A los 60 años, después de haber pasado 45 años en la comunidad, mientras le rezaban el Credo y besando un crucifijo, murió el 3 de noviembre de 1639. Toda la ciudad acudió a su entierro y los milagros empezaron a obtenerse a montones por su intercesión.

Dijo Jesús: Todo el que se
humilla será enaltecido.

martes, 28 de octubre de 2014

Festividad del Señor de Burgos. Rey y Patrón de Huánuco

SEÑOR DE BURGOS
Se sabe que fue traída de Lima a Huánuco (Perú), por encargo del Padre Agustino Fray Antonio de Montearroyo, natural de Algarve, Portugal, quien vistió el hábito en 1580. El encargado de traerlo fue el comerciante Martín de Goyzueta posiblemente en 1591. Antes de ello, el fino escultor Jerónimo Escorceto había elaborado la réplica apoyado por el Fray Rodrigo de Loayza, ya que Fray Luis de León, Superior de los Agustinos, se oponía a que se hicieran copias o réplicas de la imagen primigenia, porque la consideraba exclusiva de la ciudad Burgalesa. Después de todo se explica esta actitud por un egoísmo piadoso y cariño a la santa imagen.

La imagen estaba siendo trasladada en el buque de guerra que estuvo al mando del general D. Francisco de Leyva. Estando en Panamá, fallece Goyzueta, dejando a muchos acreedores impagos, quienes detienen el cajón Durante un año. Finalmente fue traída al Perú por el Dominico Fray Salvador de la Rivera, hijo de Nicolas De La Rivera, uno de los compañeros de Pizarro, Provincial de Santo Domingo y, posteriormente, Obispo de Quito.

En Huacho fue desembarcado del navío “La Capitana”, luego conducido a Chancay y de allí al Callao (Perú).

En Lima fue recibido en solemne procesión organizada por el general de Marina y Adelantado don Alvarado de Mandaña en 1593. Poco después el Capitán D. Juan De Cadalzo Salazar, dueño de una capilla de la Iglesia de San Agustín, solicitó que la imagen del Señor de Burgos fuese colocado allí. La comunidad Agustina no accedió a esa petición ya que el culto del Señor había comenzado en la Iglesia. En una capilla posiblemente se hubiera particularizado el culto, privando a los demás fieles el libre acceso a la imagen.

Se fundó después una cofradía que llevó el nombre del Señor de Burgos, gozando de los mismos privilegios e indulgencias de San Juan de Letrán de Roma. Así, la imagen era sacada procesionalmente todos los años en Jueves Santo, a la 11 de la noche. Fray Antonio de Montearroyo, quien encargó desde España la venida de la imagen, murió el 22 de abril de 1620.
Se sabe que la imagen estuvo primeramente en la ya desaparecida iglesia de San Agustín, en el solar ocupado por la que fue la cárcel pública de Huánuco. Ante el inminente desplome del viejo templo, se trasladó la imagen a la antigua Catedral, en la Plaza de Armas, el 23 de julio de 1930. Allí se le ubicó en un altar muy modesto al fondo de la nave izquierda,  y desde allí, es guiá y patrón de todos los huanuqueños.

La antigua Catedral fue construida en 1618. Ha sido remodelada dos veces, adquiriendo así un valor arquitectónico valioso: fue demolida en 1965 para construir la Moderna Catedral que actualmente se puede apreciar en la ciudad.

El 15 de agosto de 1965 se traslada la imagen a la Catedral provisional (Iglesia Cristo Rey), en tanto que se termina de construir la nueva; que fue dedicada exclusivamente al Señor de Burgos, Rey y Patrono de Huánuco, donde descansa actualmente.

Huánuco "La ciudad del mejor clima del mundo", conmemora cada 28 de Octubre la Fiesta del Señor de Burgos, imagen que es paseada en procesión por toda la ciudad, que se viste de morado.

En honor a su Divinidad, el pueblo huanuqueño realiza danzas, fuegos artificiales, degustación de su amplia gastronomía, presentación de alfombras floridas con motivos turísticos y religiosos, demostrando la mucha algarabía que caracteriza esta festividad, de máxima devoción y amor al Señor de Burgos.

"...Oh, Señor de Burgos, de Huánuco Rey, tesoro divino, de amor y de fe..."

Festividad del Señor de los Milagros

Señor de los Milagros a ti venimos en procesión/ tus fieles devotos/ a implorar tu bendición... Cientos de miles de voces, todos los años en el mes de octubre, unen sus corazones para dirigirse al milagroso Cristo de Pachacamilla, el Señor de los Temblores, el Señor de los Milagros que desde hace más de trescientos años sale a recorrer las calles de Lima para derramar sus gracias y bendiciones al pueblo limeño. Hábitos morados en señal de penitencia y unión con el Cristo de la Cruz, gargantas llenas de fe, gargantas que piden milagros, corazones endurecidos que piden la reconciliación con el Padre, manos y voces unidas para alabar y bendecir al Hijo, a Cristo que, crucificado, renueva en los hombres el sentido del dolor y del sufrimiento.

Cuenta la historia que a mitad del siglo diecisiete un mulato cuyo nombre ha quedado oculto, pintó en un muro de adobe la imagen que ahora se guarda en el templo de las Nazarenas. El año 1670, al pasar junto a una acequia y basural, Antonio de León vio la pintura de Jesús crucificado sobre este muro, que era lo único que quedaba de una antigua defensa militar. En 1655 un terremoto asoló Lima, pero el muro quedó en pie y olvidado por todos. Quince años después, a pesar de lo húmedo y olvidado que estuvo el mural, seguía en pie con la pintura como si nada hubiese pasado. Sorprendido por este hecho, Antonio de León arregló el lugar, construyó un altar y tuvo que detener su obra por un extraño mal que lo aquejó. Curado milagrosamente del mismo, con mayor fervor fue donde la imagen milagrosa, para honrarla con arpa, cajón y músicos.

Faro que guía/ da a nuestras almas/ la fe, esperanza, la caridad/ tu amor divino nos ilumine/ nos haga dignos de tu bondad... Canta el pueblo peruano cuando sale el Señor el primer sábado de octubre, el 18 y el 28 del mismo mes, así como el 3 de noviembre, fecha en que se guarda hasta el siguiente año. El 28, día de la fiesta principal, casi un millón de personas acude ante la imagen que por un lado muestra al Señor en el Gólgota y por otro a la Virgen de la Nube. La hermandad consta de diversas cuadrillas, casi todas ellas encargadas de llevar sobre sus hombros la imagen santa, pero también hay algunas especiales, como la dedicada a los enfermos, a la seguridad, a preparar el anda para la procesión. La imagen que se guarda en el templo de las Nazarenas está custodiada por las religiosas que reciben el mismo nombre pues, en virtud de una concesión de la Santa Sede, son religiosas de clausura de espiritualidad carmelitana, pero visten el hábito morado y reciben el nombre del Señor a quien cuidan.

En 1671 más de un centenar de personas se reunían para alabar con sus cantos y fiestas al Señor. En vista del ruido que se armaba, las autoridades mandaron destruir el muro, pero con gran sopresa vieron que ocurrían diversos fenómenos que hacían imposible derribarlo. El día 14 de septiembre del mismo año, en que la Iglesia recuerda la exaltación de la Santa Cruz, se celebró por primera vez la Misa junto a la imagen. En estos años se añadieron las imágenes de la Virgen y San Juan, así como las del Padre Eterno y del Espíritu Santo.

Con paso firme, de buen cristiano/ hagamos grande nuestro Perú/ y unidos todos como una fuerza/ te suplicamos nos des tu luz. Grande es la fe del pueblo peruano, que une sus dolores y vida a la del Cristo sufriente, grande el entusiasmo por edificar un país más justo y reconciliado, como pidiera el Santo Padre en su visita al Perú, grande la confianza en que, unido a la abundancia de las gracias divinas, se vivirá la Civilización del Amor, en la perspectiva del Tercer Milenio.

El 20 de octubre de 1687 se hizo una reproducción de la imagen para poder ser sacada en procesión, ante los continuos temblores. En 1746 salió por segunda vez. Poco después un grupo de personas que había ido creciendo hasta convertirla en una de las manifestaciones de religiosidad popular más grandes de Latinoamérica, se ha ido sumando para pedir al Señor de Pachacamilla que la fe no sea vencida, que conserve íntegra la esperanza, que en nuestra Patria se viva el amor como lo vivió el mismo Señor en la Cruz.

lunes, 13 de octubre de 2014

Festividad del Señor Cautivo de Ayabaca

Ayabaca es una ciudad ubicada en la región de Piura - Perú, con un bello paisaje andino y clima saludable. En esta ciudad, se respira una gran devoción religiosa por el Señor Cautivo, santo patrón de la ciudad. Esta fiesta atrae una gran cantidad de fieles, quienes llegan en peregrinación, de diferentes zonas norteñas del Perú e incluso del Ecuador.

Según cuenta la historia, en 1751 el sacerdote español García Guerrero, quiso dar una imagen del Señor a su pueblo, por lo que decidió utilizar un tronco, del que había brotado sangre luego de que un labrador le diera un hachazo.

Tres hombres vestidos con impecables ponchos blancos de lana llegaron al pueblo de Ayabaca. Trotaban sobre tres briosos caballos albinos. Eran artistas talladores. Y se comprometieron a esculpir la imagen del Señor Cautivo a condición de que el pueblo guardara absoluta reserva sobre su presencia. Nadie, además, debía interrumpirlos durante sus labores y los alimentos les serían servidos solamente al amanecer. Ningún poblador debía verlos trabajar.


Pasó el tiempo y la curiosidad de los ayabaquinos pudo más que su paciencia. Querían ver los avances de trabajo de los tres misteriosos caballeros. Los pobladores se acercaron a la casa, llamaron insistentemente y, al no obtener respuesta, creyeron que se habían burlado de ellos. Entonces forzaron la puerta. En el interior no había persona alguna y la comida estaba intacta. Pero ante ellos se alzaba, imponente y majestuosa, la escultura de un Nazareno con las manos cruzadas. Sólo entonces se dieron cuenta de que los autores eran ángeles vestidos de chalanes que al concluir la escultura alzaron vuelo y se perdieron. La historia creció, al igual que la fe y devoción, más aun si consideraban todo ello, una "obra de ángeles"; como la llamaron.

Durante el 13 de Octubre, día central de la celebración, se lleva en procesión la bella imagen del Señor Cautivo, quien representa el momento en que tras ser apresado en Getsemaní, fue abandonado por sus discípulos.

sábado, 23 de agosto de 2014

Santa Rosa de Lima. Patrona del Perú, América y las Filipinas


Una Mariposa Señala el Color.
Seguía pidiéndole a Dios que le indicara a que asociación religiosa debería ingresar. Y de pronto empezó a llegar junto a ella cada día una mariposa de blanco y negro. Y revoloteaba junto a sus ojos. Con esto le pareció entender que debería buscar una asociación que tuviera un hábito de blanco y negro. Y descubrió que eran las terciarias dominicas, unas mujeres que se vestían con túnica blanca y manto negro y llevaban vida como de religiosas, pero vivían en sus propias casas. Y pidió ser admitida y la aceptaron.

Su Patrona y su Modelo.
Entonces vino a saber que la más famosa terciaria dominica es Santa Catalina de Siena (29 de abril) y se propuso estudiar su vida e imitarla en todo. Y lo logró de manera admirable. Se fabricó una túnica blanca y el manto negro y el velo también negro para la cabeza, y así empezó a asistir a las reuniones religiosas del templo.
Encierro Total.
Pero sucedió que la gente admirada de su comportamiento empezó a señalarla y a llamarla "la santa". Entonces ella que sabía que nada es tan peligroso como la vanidad y el orgullo y el deseo de aparecer, se fabricó una pequeña habitación en el solar de la casa donde vivía y allí se dedicó a practicar por largas horas del día y de la noche sus meditaciones, sus penitencias y sus muchas oraciones. Allí pasará el resto de su vida y solamente saldrá para ir a misa ó a socorrer a algún enfermo.
Ganando el Pan con el Sudor.
Su padre fracasó en el negocio de una mina y la familia quedó en gran pobreza. Entonces Rosa se dedicó durante varias horas de cada día a cultivar un huerto en el solar de la casa y durante varias horas de la noche a hacer costuras, para ayudar a los gastos del hogar.
Ataques Varios.
El demonio la atacaba de muy diversas maneras. Y las tentaciones impuras la hacían sufrir enormemente. Además le llegaban épocas de terribles sequedades espirituales en las cuales todo lo que fuera oración, meditación ó penitencias le producía horror y asco. Y fuera de eso la gente se burlaba de su comportamiento y los mismos familiares la consideraban equivocada en su modo de vivir. Alguna vez le protestó amorosamente a Jesucristo por todo esto, diciéndole: "Señor, ¿y a dónde te vas cuando me dejas sola en estas terribles tempestades?". Y oyó que Jesús le decía: "Yo no me he ido lejos. Estaba en tu espíritu dirigiendo todo para que la barquilla de tu alma no sucumbiera en medio de la tempestad".
Sus Penitencias.
Es difícil encontrar en América otro caso de mujer que haya hecho mayores penitencias. No las vamos a describir todas aquí porque muchas de ellas no son para imitar. Pero sí tenemos que decir que lo primero que se propuso mortificar fue su orgullo, su amor propio, su deseo de aparecer y de ser admirada y conocida. Y en ella, como en todas las cenicientas del mundo se ha cumplido lo que dijo Jesús: "quien se humilla será enaltecido".Una segunda penitencia de Rosa de lima fue la de los alimentos. Su ayuno era casi continuo. Y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.
Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: "Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto". Y desde ese día nunca más volvió a pensar en buscar un lecho más cómodo.

Sus Dolores.
Distintas enfermedades la atacaron por mucho tiempo. Cuando algunas personas la criticaban por sus demasiadas penitencias, les respondía: "Si ustedes supieran lo hermosa que es un alma sin pecado, estarían dispuestos a sufrir cualquier martirio con tal de mantener el alma en gracia de Dios". Y ella sí que los sufrió. En sus últimos meses exclamaba: "Nunca pensé que una persona tuviera que sufrir tanto, tanto como lo que yo estoy sufriendo. Pero Jesucristo me concede valor para soportarlo todo."Los últimos años vivía continuamente en un ambiente de oración mística, con la mente casi ya más en el cielo que en la tierra. Su oración y sus sacrificios y penitencias conseguían numerosas conversiones de pecadores, y aumento de fervor en muchos religiosos y sacerdotes. En la ciudad de Lima había ya una convicción general de que esta muchacha era una verdadera santa.
Anuncio de la Fecha de su Muerte.
Desde 1614 ya cada año al llegar la fiesta de San Bartolomé, el 24 de agosto, demuestra su gran alegría. Y explica el porqué de este comportamiento: "Es que en una fiesta de San Bartolomé iré para siempre a estar cerca de mi redentor Jesucristo". Y así sucedió. El 24 de agosto del año 1617, después de terrible y dolorosa agonía, expiró con la alegría de irse a estar para siempre junto al amadísimo Salvador. Tenía 31 años.
Funeral de Primera.
Y a esta muchacha pobre y sin estudios le hicieron un funeral poco común en la ciudad de Lima. La primera cuadra llevaron su ataúd los monseñores de la catedral, como lo hacían cuando moría un arzobispo. La segunda cuadra lo llevaron los senadores (u oidores), como lo hacían cuando moría un virrey. Y la tercera cuadra lo llevaron los religiosos de las Comunidades, para demostrarle su gran veneración. El entierro hubo que dejarlo para más tarde porque inmensas multitudes querían visitar su cadáver, y filas interminables de fieles pasaban con devota veneración frente a él. Después la sepultaron en una de las paredes del templo.
Honores Finales.
Los milagros empezaron a sucederse en favor de los que invocaban la intercesión de Rosa, y el Sumo Pontífice la declaró santa y la proclamó Patrona de Perú, América y las Filipinas.

viernes, 10 de enero de 2014

Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Virgen

Ana Monteagudo Ponce de León, conocida como Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, es una beata peruana. Nació en Arequipa el 26 de julio de 1602. Fue hija del español Sebastián Monteagudo de la Jara y de la dama arequipeña Francisca Ponce de León. Fue la cuarta de ocho hermanos. A los tres años, fue entregada a las monjas catalinas que residían en el Monasterio de Santa Catalina, de la Orden Dominica, para ser educada e instruida. 

NOVICIADO
Cuando tenía aproximadamente 14 años de edad, sus padres decidieron que ya había llegado el momento de reintegrarla a la vida de la ciudad y fue retirada del monasterio, con el fin de comprometerla. La joven Ana, de vuelta a su casa, decidió seguir con el mismo género de vida que hasta entonces había llevado en el monasterio de Santa Catalina. Hizo de su habitación un lugar de retiro, donde trabajaba y rezaba todos los días , sin descuidar los quehaceres de la casa. Un día, mientras meditaba en su aposento, se le apareció en una visión, Santa Catalina de Siena, quien le hizo saber de parte de Dios, que había sido elegida para entrar en el estado religioso, vistiendo el hábito dominicano. Le dirigió estas palabras: "Ana, hija mía, este hábito te tengo preparado; déjalo todo por Dios; yo te aseguro que nada te faltará". Le daba a entender que debía prepararse para un gran combate espiritual, donde no faltarían las asechanzas del enemigo, pero que con la ayuda de Dios obtendría al final la victoria. Confortada por esta visión, Ana decidió buscar la forma más eficaz para regresar al monasterio de Santa Catalina, pues sus familiares no querían que se hiciera religiosa, hasta el punto de vigilarla constantemente. Aprovechando una ocasión en que nadie la vigilaba, salió de la casa y encontró a un joven llamado Domingo que -a petición de ella- la acompañó hasta el monasterio. Una vez llegados al lugar de destino, agradeció al muchacho el favor prestado y le pidió comunicara a sus padres el lugar donde estaba. Sus padres, al conocer el paradero de su hija se indignaron en extremo, pues ya tenían decidido darla por esposa a un joven distinguido y rico; y fueron al monasterio con la firme resolución de hacerla regresar a su casa. A este fin nada dejaron de intentar para disuadirla de su propósito. Le ofrecieron regalos y prometieron darle cuanto le apeteciera; pero ella con todo respeto y humildad les respondió, que se quedasen con todo aquello, que sólo deseaba tener a Jesucristo como esposo y llevar el hábito que llevaba puesto. Les pidió que se resignasen como buenos cristianos con la voluntad de Dios. Viendo los padres de Ana que no conseguían su cometido, se llenaron de ira y recurrieron a las amenazas e injurias, secundados por la Madre Priora, quien -por temor y debilidad- quiso también que regresara con sus padres. A pesar de todo, Ana permaneció firme en su decisión, apoyada por las demás monjas, que aconsejaron retenerla en el monasterio hasta que, calmados los ánimos, se pudiera juzgar lo que fuera para mayor Gloria de Dios. La Madre Priora, mal dispuesta con Ana, se propuso tratarla con mucha dureza, con la finalidad de cansarla y obligarla así a regresar con sus padres; pero Ana soportó esta prueba con gran paciencia y resignación. Entretanto, dolida por el comportamiento de sus padres, quiso reconciliarse con ellos, mediante los buenos oficios de su hermano Sebastián, quien no sólo logró su intento, sino que la socorrió con todo lo necesario para su mantenimiento. Intercedió también ante la Priora para que cambiara su manera de proceder, consiguiendo su cometido. Efectivamente, la Priora reconoció la vocación y el buen espíritu de Ana, y comenzó a quererla como a todas las demás, aceptándola como novicia. Corría el año 1616 cuando Ana fue aceptada como novicia en el Monasterio de Santa Catalina. Fue entonces cuando añadió a su nombre el apelativo "de los Ángeles". Bien pronto abrazó con alegría todas las austeridades del estado religioso, observando con exactitud la Regla Dominicana y desprendiéndose completamente de los bienes de este mundo. Leyendo un día la vida de San Nicolás de Tolentino, le llamó la atención la gran devoción que este Santo tenía por las benditas Ánimas del Purgatorio y los sufragios que ofrecía para librarlas de las penas de ese lugar; y tomó la resolución de dedicarse también ella a socorrer a esas almas necesitadas. Durante el tiempo de su noviciado comenzó a desarrollar el espíritu de penitencia, castigando su cuerpo con disciplinas y ayunos, adquiriendo de esta manera un mayor dominio de sí misma. Sus delicias estaban en la oración y en la meditación. Especialmente llenaba su alma la consideración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. 

VIDA EN EL CONVENTO
Terminado el año de noviciado y habiendo dado pruebas más que suficientes de su idoneidad, le llegó el tiempo de su profesión religiosa. Le faltaba la "dote", que sus padres se negaban a entregar, con el objeto de obligarla a regresar con ellos. Francisco, su hermano sacerdote acudió en su ayuda, pagando generosamente la dote prescrita. Superadas estas dificultades pudo hacer su "Profesión Religiosa" con gran alegría y contento. Abrazado ya el estado religioso y hechos sus votos temporales, dirigió todas sus miradas y consagró todas sus energías a realizar el ideal de la vida religiosa, íntimamente persuadida de que toda su perfección y santidad consistía solamente en el exacto cumplimiento de sus votos y demás obligaciones de religiosa dominica. Procuraba desasirse de los bienes terrenos, vistiendo hábitos usados y remendados, sandalias viejas -desechadas por otras religiosas-, y no poniéndose nunca cosa nueva, dando para las demás las cosas que recibía. Vivía una gran abstinencia, comiendo sólo para conservar la vida, sin regalar su gusto. Conseguía así que su alma tuviese un completo dominio sobre su cuerpo. Fue obediente en todo, casta y pura, mortificada interna y externamente, amante del retiro, diligente en el Coro, y cumplidora de todos sus deberes. Derramaba su espíritu en la oración asidua, tomando de ella la fuerza para el difícil camino de la perfección. La M. Priora, viendo que Ana se inclinaba a las cosas del servicio de Dios, la nombró "sacristana"; oficio que ella ejerció con mucho gusto y exactitud. Cuidaba muchísimo la limpieza y decencia de todo lo relativo al culto y lo trataba con sumo cuidado. Lavaba con gran veneración los corporales y purificadores, considerando que iban a estar en contacto con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El celo por la casa de Dios y la pureza del culto fueron tan grandes en Ana, que con frecuencia amonestaba hasta a los mismos sacerdotes para que tratasen con todo respeto al Señor, rogándoles atendiesen a la santidad del corazón y a la pureza del alma. Era tan minucioso el cuidado que ponía en todo lo relativo al Santo Sacrificio del altar que, hasta preparaba agua aromática para que los sacerdotes se lavasen con ella las manos antes de celebrar la Santa Misa. Fue durante este tiempo cuando tuvo conocimiento de su parentesco con San Tomás de Villanueva, al que llegó a tener una gran devoción. Necesitando el monasterio una imagen de la Santísima Virgen que presidiera los actos de la comunidad, fue Ana quien aceleró los trámites para traerla cuanto antes. Las monjas al ver la maravillosa imagen, tan tierna y acogedora, decidieron darle el nombre de "Nuestra Señora de los Remedios". Una gran muestra de confianza hacia ella fue el encargo que se le hizo de ser Maestra de Novicias. 

PRIORA DEL MONASTERIO
En 1647, Mons. Pedro de Ortega Sotomayor, recientemente nombrado Obispo de Arequipa, quiso visitar el Monasterio de Santa Catalina. Enseguida comprobó el abandono espiritual en que se encontraba. Conversando con varias de las religiosas descubrió las cualidades extraordinarias de la entonces Maestra de Novicias Ana de los Ángeles y manifestó el deseo de que fuera ella quien gobernase dicho monasterio. A los pocos meses eligieron a Sor Ana de los Ángeles como nueva Priora. Cuando recibió ese cargo, vivían en el monasterio cerca de 300 personas: 75 monjas de Coro; 17 legas; 5 novicias; 14 donadas; 7 criadas personales; 75 educandas; 130 siervas; y no pocas huérfanas y viudas. Estas últimas se refugiaban en el monasterio para cuidar su buen nombre, pero no dejaban de vivir "según el mundo", rodeadas de servidumbre, entregadas al cuidado de sus personas y gozando de todo lo que la moda de aquel tiempo les ofrecía. Al contacto con este género de vida algunas de las monjas se contagiaban, y degeneraba su espíritu religioso hasta el punto de ser en el monasterio origen de muchos conflictos y pésimo ejemplo para las religiosas más jóvenes. Entretanto la nueva Priora conoce muy bien esta situación y sabe con cuanta prudencia y energía deberá corregir esos graves abusos. 

ÚLTIMOS AÑOS
Los últimos años de su vida se asemejaron a la Pasión de Jesús. Ella la meditaba constantemente, y Dios quiso que en su cuerpo se grabaran las señales del sufrimiento. Fueron casi diez años de constantes enfermedades, que iban debilitando sus fuerzas. Estuvo postrada en cama durante todo este tiempo, privada de la vista, con dolor de hígado, males en los riñones y vesícula, y un sudor continuo que le empapaba todas sus ropas. En esas circunstancias vino a ser para todas las monjas del monasterio un constante modelo de paciencia y aceptación de la voluntad de Dios. Sabía que sus dolores eran gratos a Jesús y que le serían premiados con la corona de la gloria eterna. Ofrecía todos sus achaques en reparación de sus pecados y pidiendo siempre por las almas del purgatorio. En toda su larga enfermedad nunca ocasionó molestias a quienes la cuidaban; se lamentaba más bien de que por su culpa sufrían los demás. Cuando su enfermedad se agravó, pedía confesarse a menudo y recibía la Sagrada Comunión todos los días. El Señor, entretanto, confortaba su alma con gracias extraordinarias, de las que nunca se vanaglorió, aceptándolas siempre con grandísima humildad. No queriendo ocasionar molestias a las demás, les repetía con frecuencia que cuando Dios la llamara, nadie se apercibiría de su muerte. Añadía también que en ese momento no estaría en su celda la imagen de San Nicolás de Tolentino, de la que pocas veces se separaba. Antes de morir, un pintor fue y retrató sus facciones, que es el único testimonio gráfico en vida de ella. La mañana del 10 de enero de 1686 se encontraba mejor de su enfermedad y hasta tenía mejor semblante, de tal manera que nada hacía presagiar su próxima muerte. Antes bien quiso entregar un "real" para que se mandase celebrar una Misa por el alma de una pobre india que se hallaba en gran necesidad. No había pasado mucho tiempo, cuando fueron a su celda para hablarle. La encontraron sentada en la cama, con el cuerpo apoyado hacia un lado, con las manos cruzadas y el Santo Rosario entre ellas. Al ver que no respondía a sus palabras, se le acercaron y la encontraron ya muerta. Murió de la forma que ella había previsto: sin que nadie la acompañara y mientras su querida imagen de San Nicolás de Tolentino se encontraba en la casa del Licenciado Marcos de Molina, que la había pedido para encomendarse a ella en su enfermedad. Apenas se supo de su muerte, acudieron al Monasterio de Santa Catalina gran cantidad de hombres y mujeres, quienes a sus oraciones unieron el dolor por el vacío que Ana de los Ángeles dejaba aquí en la tierra. Los funerales fueron celebrados por Mons. Antonio de León, Obispo de Arequipa; y asistieron los dos Capítulos de la ciudad, (Cabildo Civil y Eclesiástico) junto con gran cantidad de pueblo que llenó toda la iglesia. La fama de santidad y el alto concepto que se tenía de sus virtudes, estimularon al Sr. Obispo y a los personajes de la ciudad a hacer un honor tan singular a esta pobre monja. Fue tal el deseo de poseer algo de Sor Ana de los Ángeles, que el Sr. Obispo para calmar a la multitud se vio obligado a poner pena de excomunión contra aquellos que osasen tocar el cuerpo o los vestidos de la difunta. Fue enterrada bajo el coro del monasterio. Pasados diez meses de su tránsito al Cielo, sus restos mortales fueron trasladados a un lugar más distinguido y digno. Se abrió el ataúd y se encontró el cuerpo de la Beata Ana de los Ángeles no sólo incorrupto, sino también fresco como si hubiese muerto en ese momento, y sin vestigio de mal olor. El médico que asistió para hacer este reconocimiento, introdujo en el pecho la punta de una tijera y comprobó que su carne estaba colorada y fresca. La fama de santidad de Sor Ana de los Ángeles no sólo era reconocida en Arequipa sino también en otros muchos lugares; y por toda suerte de personas. Todos cuantos la trataron vieron en ella el Espíritu de Dios. Tanto los Obispos que fueron sucediéndose en Arequipa como los miembros del Venerable Cabildo Catedralicio, y otras personas doctas del clero regular y secular que la conocieron, descubrieron en ella una verdadera Santa y le tuvieron gran veneración y estima. Por tal motivo, el 17 de Julio de 1686, a los seis meses de su fallecimiento, el Obispo de Arequipa, Mons. Antonio de León inició el "Proceso Informativo" de la vida, virtudes y fama de santidad de Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. De este proceso se hicieron dos copias: una se remitió en su momento a la Sagrada Congregación de Ritos y la otra se guardó en los archivos del Monasterio de Santa Catalina. Consta que el documento enviado a Roma se perdió, probablemente en un naufragio. En 1898, el Episcopado Americano, reunido en Roma pidió a S.S. León XIII la canonización de Fray Martín de Porres, incluyendo también la pronta beatificación de Sor Ana de los Ángeles. Mons. Manuel Segundo Ballón inicia la instrucción de un "Proceso Adicional", que fue remitido a Roma el 18 de Diciembre de 1903. Introduciéndose la Causa de Beatificación en la Sagrada Congregación de Ritos a mediados de Junio de 1917. En 1975 S.S. Pablo VI determina que se expida el decreto por el cual se reconoce oficialmente las virtudes heroicas practicadas por la Sierva de Dios. El 5 de Febrero de 1981 S.S. Juan Pablo II da por válido el milagro atribuido a Sor Ana de los Ángeles, obrado en favor de la señora María Vera de Jarrín, de un gravísimo e incurable tumor canceroso en el útero y en tercer grado. De esta manera culmina el largo proceso de las virtudes y milagros, quedando expedito el camino para la Beatificación.

MILAGROS
El 5 de febrero de 1981 el papa Juan Pablo II, dio por válido el milagro atribuido a Sor Ana de los Angeles. Obrado en favor de la señora María Vera de Jarrín, a la cual curó de un terrible cáncer de útero en tercer grado. La Sra. María Vera de Jarrín, madre de familia, nacida en Arequipa en 1886, fue sometida el día 2 de Noviembre de 1931 a un examen médico del útero, pues padeció frecuentes hemorragias. Como empeorara su salud, el día 10 de Marzo de 1932 fue sometida a una exploración más profunda en el Hospital Goyeneche. Abierta la parte inferior del abdomen, se descubrió, sin ninguna duda, un gravísimo tumor canceroso, que no sólo afectaba al útero sino que se extendía por toda la zona pélvica. No teniendo ninguna posibilidad humana de curación, los médicos omitieron todo tratamiento. No habían transcurrido dos días, cuando la enferma se sintió mejor. Su proceso de recuperación fue acelerándose, de tal manera que al cabo de un mes se la consideró apta para seguir cumpliendo sus quehaceres domésticos. Tres médicos, admirados por ello pensaron inmediatamente en una curación milagrosa. Lo mismo creyeron la enferma, sus parientes y amigos, quienes con indesmayable esperanza habían rogado a Sor Ana de los Ángeles su pronta curación. María Vera de Jarrín entregó su alma a Dios en el año 1966 sin tener ningún indicio de aquella maligna enfermedad.

BEATIFICACIÓN
La causa de santificación de Sor Ana empezó el 16 de julio de 1686, seis meses después de su muerte. Cuando las religiosas catalinas presentaron una petición de santificación por la cantidad de milagros que se le atribuían.

En la visita que realizó el papa Juan Pablo II al Perú en 1985 estuvo en Arequipa. Estando allí, beatificó a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo el 2 de febrero de 1985. El Santo Padre pronunció estas palabras: "Hoy la Iglesia en Arequipa y en todo el Perú desea adorar a Dios de una manera especial por los beneficios que Él ha concedido al Pueblo de Dios mediante el servicio de una humilde religiosa: Sor Ana de los Ángeles".